Parlamento Universal de la Juventud
El Parlamento Universal de la Juventud (PUJ) es un foro permanente de diálogo donde jóvenes de todo el mundo pueden compartir sus reflexiones y preocupaciones, investigar y exponer sus conclusiones a nivel mundial. Pretende ofrecer al mundo una visión libre de prejuicios y llena de esperanza para lograr restaurar a la humanidad empezando por el compromiso personal del joven, desde la vivencia de los más nobles valores humanos.

El PUJ propone un reto apasionante a todos los jóvenes que buscan dar unidad, dirección y sentido a su vida personal y social con proyección en el futuro de un mundo que debe ser mejor de lo que es. En este contexto, intentaremos, mediante el trabajo en equipo, dar respuesta a aquellos interrogantes que plantea la vida cotidiana en amplios sectores de una sociedad caracterizada:

  •  Por la ausencia de Dios, frente a la conciencia de origen y destino; 
  •  Por la intolerancia, violencia de género, racismo y xenofobia, frente al respeto fundamental a todo ser humano por el hecho de serlo;
  •  Por la indiferencia ante los valores y la falta de compromiso personal y social; 
  •  Por la insensibilidad ante los derechos y deberes fundamentales del hombre y la pasividad ante la pérdida de objetivos e ideales trascendentes;
  •  Por los intereses individuales, frente al diálogo, la solidaridad, la distribución equitativa y acceso a los bienes materiales, éticos y espirituales;
  •  por la agresividad, frente a la generosidad del amor, la educación y el buen gusto que posibilitan paz y bienestar social;
  •  Por la tristeza y soledad de la vida, frente al disfrute de la convivencia;
  •  Por la cultura de la muerte, frente a la defensa de la vida;
  •  Por la voluntad de poder, frente a la voluntad de amar;
  •  Por la evasión, frente a la responsabilidad.
El PUJ va dirigido especialmente a jóvenes de entre 16 y 30 años siendo los de edad universitaria el principal público objetivo. Sin embargo pueden participar personas de otras edades, sobre todo en las etapas locales. Los encuentros y sesiones plenarias internacionales poseen una metodología específica donde se establecen los distintos grados de participación con criterios de edad y teniendo en cuenta la colaboración activa en otras etapas del proyecto.
Usamos este término según su significado originario: establecer un coloquio con alguien con la finalidad de llegar a un acuerdo; por tanto, hablar, dialogar, deliberar acerca de asuntos de la máxima importancia para la vida; en nuestro caso, se trata de los jóvenes llamados a tomar sobre sí la responsabilidad de nuestras comunidades, de nuestras sociedades.

El término proviene del verbo “parlare” (it.), y éste tiene sus raíces en el latín de los primeros cristianos (mientras que en el latín clásico “hablar” (parlar) se decía loqui) y está relacionado con el verbo parabolizar y con el término parábola, de gran importancia para la “predicación” cristiana.

Un poco de historia.

Parabolé entró en el latín a través de la Galia (Francia) e Italia en los primeros siglos del Cristianismo. De este término deriva el francés “parler”. En el español de los siglos XVI y XVII se usaba también el término “palabramiento”.

En griego “parabolé” significa cotejo, puesta en paralelo, semejanza, acción de arrimar, acercamiento, relación, ejemplo, y se refiere a un género literario no desconocido en la literatura griega y romana, pero usado especialmente en la literatura rabínica y luego particularmente en los textos evangélicos.

Una parábola significa algo, pero no por sí misma (no es sólo una narración hermosa o edificante), sino en cuanto que acerca su narración a una realidad distinta del contenido narrado. Una parábola, pues, es significativa en virtud de su relación con “algo que está más allá”.

La parábola alcanza su objetivo cuando el acercamiento entre estos dos polos produce un salto en quien la vive; es decir, permite pasar de la realidad narrada a la “otra” realidad, a la que la narración hace referencia.

En época medieval, el término parlamento asumió el valor político de asamblea, pero con matices bastante diversos a lo largo de la historia, según las épocas, las situaciones, las organizaciones estatales y las formas constitucionales.

Las tradiciones parlamentarias ingleses, en los siglos XVII y XVIII, han proporcionado UN modelo con la distinción entre mayoría y minoría, o mejor, entre partidos del gobierno y de la oposición.

Hoy, con “Parlamento” entendemos el lugar donde la asamblea de los representantes de una o más naciones desarrolla, con sus confrontaciones y debates, la dialéctica democrática sobre la base de la “libertad” de expresión y juicio. El Parlamento es el órgano mediante el cual el pueblo participa en el ejercicio del poder estatal con dos funciones: la función legislativa y la de control político del gobierno.

A lo largo de la historia, este término ha ido asimilándose cada vez más a la dimensión política y del poder, para indicar una asamblea general de ciudadanos llamada a deliberar sobre las cosas que debían llevarse a cabo, o sea para “hablar” de los asuntos de mayor relieve para la vida de la propia comunidad.

Sin embargo, el vocablo “parlamento” tiene, pues, originariamente esta referencia al acto de hablar, al discurso, a la oración. Esto nos recuerda aspectos fundamentales del “dialogo parlamentario”:

  • se requiere de nosotros que reflexionemos no sobre conceptos teóricos y abstractos, sino sobre maneras de actuar, actitudes.
  • en las parábolas se pone la atención en los personajes, actitudes, modos de actuar, acciones, movimiento, concreción.

Es importante recordar los orígenes de esta palabra para no perder de vista que su verdadero significado posee las siguientes connotaciones:

  1. con la vida, además de con las instituciones de nuestros países
  2. con las cuestiones de importancia vital para nuestra sociedad
  3. con el acuerdo, con la paz
Según su significado originario (“universalem” en latín,“kathólou” en griego), se quiere decir: “aquello que pertenece en común a los seres de un conjunto homogéneo”.

Hace, pues, referencia a una pertenencia, a un aspecto reconocido como común en un conjunto homogéneo de personas, o de individuos o cosas, y que como tal puede ser aceptado por todos.

Este vínculo, esta pertenencia común, es la fraternidad de los seres humanos, lo cual no tiene sentido sin una referencia a un Padre común. En este sentido, podemos decir que la comunión es el fundamento de la vida social y política, de manera que el vínculo que nos une no procede de una legalidad formal o convencional, sino “transcendental”; es decir: nos reunimos en nombre de esta naturaleza filial, gracias a un Padre que es el origen y el fin de todas nuestras más nobles aspiraciones.

La conciencia filial es la que nos inspira y mueve a hablar de los sueños que cultivamos acerca de nosotros mismos y del mundo; y a buscar los fundamentos para construir una civilización verdaderamente humana.

“Universal” indica, por una parte, la perspectiva desde la que miramos; por otra, los contenidos de que nos ocupamos, es decir, cuestiones pertenecientes a la esencia de la propia naturaleza de un “joven” que mira a su destino y a la historia.

“Universal” no quiere decir “extendido o extensible por derecho – y mucho menos de hecho – a todos”, “espacio referido a todos” o espacio donde todos, sin excepción, pueden exponer su opinión. Y es que este Parlamento no mira a representar a todos, en el sentido de que no es expresión de la voz de todos los habitantes del planeta: aunque ello fuera posible, no estaría entre sus objetivos una representatividad general.

Todos pueden participar. El Parlamento, por su propia naturaleza, está abierto a la colaboración de todos aquellos que, en parte o completamente, se ven reflejados en los principios que nos inspiran.

Disponibilidad, condición de libertad respecto a los prejuicios; estado de apertura, actitud de escucha, valentía en orden a vivir la verdad; todo esto con la conciencia de tener en nosotros estos propósitos, estos fines, al menos intencionalmente.

“Juventud” no significa solamente una cuestión de carácter demográfico, y mucho menos una condición de continua minoría de edad.

La fase juvenil es, sin duda, un tiempo, camino, recorrido, itinerario… algo que tiene un comienzo y un fin. Pero un joven es también aquel que no ha tenido todavía tiempo de corromperse moralmente, de dialogar con el soborno, abandonar los propios ideales… de manera que aún puede educarse y formarse en el camino que lleva a la madurez, una madurez no confundida con el conformismo, una sabiduría que no será cinismo “realista”, una creatividad que no se conforma con la producción material.

La juventud – no como las otras etapas de la vida, inevitables pero también extraordinarias – significa carga de energía, prestancia de espíritu, valentía ante las grandes preguntas de la vida, audacia de grandes sueños y, sobre todo, capacidad de “visión” (Hch 2, 12-17). Los jóvenes pueden ser los guardianes de la verdadera visión de las cosas: son ellos los que pueden construir y avanzar en la sociedad. Es aquel tiempo que se nos otorga como don antes de crearnos falsos ídolos. Por eso, la juventud es un recurso necesario para cualquier tipo de cambio deseable.

Nadie está libre de esquemas, de criterios, hábitos, prejuicios, convicciones de todo tipo (morales, históricos, culturales, políticos, psicológicos, etc.). No obstante, podemos disponernos a nosotros mismos para que todo esto no nos domine.

Sin esta predisposición a escuchar el gran mensaje que nos viene de Dios, de los demás, de la sabiduría de las culturas y de la historia, nuestra joven persona se seca como un árbol cuyas raíces ya no alcanzan al agua que da vida.

El PUJ toma como hipótesis de trabajo, que el mayor valor universal y fuente de todos los demás valores es el amor de generosidad. Jesucristo ofrece, a través de su ejemplo, el mayor testimonio de la vivencia de este amor dando su vida por toda la humanidad. De las enseñanzas de Jesucristo derivan algunos principios que serán siempre asumidos por el PUJ como son la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, la formación de la familia fundada sobre el matrimonio de un hombre y una mujer, entre otros, siempre en conformidad con el Magisterio de la Iglesia Católica. El hecho de que siempre se defiendan estos principios no impide que se pueda dialogar en el PUJ sobre estos temas basados en el interés por encontrar soluciones a problemáticas actuales que afectan a la sociedad.

En la Carta Fundacional del PUJ, Fernando Rielo manifiesta que “El Parlamento Universal de la Juventud tiene un supuesto previo: la forma en que se defina al hombre proporciona a éste la medida de su ser y de su actuar. Se deriva de esta definición el fundamento de sus derechos y deberes, de su relación religiosa, social, política y, en última instancia, de su grandeza o de su miseria como ser personal y social.” (Rielo, 1991)

La definición de ser humano propuesta por Fernando Rielo es la de “ser místico”. La palabra “místico” se refiere a la actuación de Dios en el ser humano y con el ser humano. Esta definición de ser humano incluye a todas las personas y les confiere una dignidad incomparable: la de ser llamados hijos de Dios. Él es, por tanto, nuestro origen y nuestro destino.

Aquellos ideales más nobles que pueden ser considerados por las personas como imposibles, se hacen posibles con la ayuda de esta presencia inhabitante de Dios en nuestro espíritu, que nos constituye como personas desde el mismo momento de nuestra concepción y permite que construyamos una sociedad que tiene en las Personas Divinas su modelo.

Los jóvenes participantes del PUJ deben caracterizarse por la honestidad, la transparencia y la responsabilidad. Su actitud, en general, debe ser constructiva. El PUJ no tiene por objetivo denunciar comportamientos sino de descubrir valores y proponer soluciones y horizontes a partir del amor, evitando conflictos de opiniones o intereses y disponiéndose a comprometerse personalmente con las soluciones que se propongan.
Su ente promotor es la Juventud Idente (JI), organización internacional sin ánimo de lucro dedicada a la educación en valores de jóvenes y niños, fundada también por Fernando Rielo en 1975.

El lema de la Juventud Idente es “Dios, naturaleza y sociedad” haciendo referencia a tres realidades imprescindibles en las que los jóvenes guiados por su experiencia e investigación, descubren las más altas metas personales y sociales.

Su propósito es ayudar a restaurar y transformar la naturaleza y la sociedad, comenzando a nivel personal, mediante la promoción, crecimiento y manifestación de la riqueza interior que define al hombre. La regla de honor de la Juventud Idente es Ad Deum propter humanitatem (a Dios por medio de la humanidad), que significa aspirar a la unión con Dios viviendo un humanismo que tiene a Cristo como modelo. La JI tiene carácter ecuménico y está abierta a todas las personas de toda creencia y cultura; con el único requisito del respeto mutuo y el deseo de vivir, con generosidad, los más altos ideales a los que aspira.

El Fundador del PUJ es Fernando Rielo Pardal (Madrid 1923 – Nueva York 2004), extraordinario promotor de la ciencia, del humanismo y de la mística, funda en Tenerife en 1959 el Instituto Id de Cristo Redentor de Misioneros y Misioneras Identes, fundación católica.

Fernando Rielo comprendió, desde su juventud, que el mundo moderno, a pesar de sus avances, planteaba y seguiría planteando serias dificultades para el desarrollo integral de los jóvenes sometidos a las presiones y exigencias de la vida. Percibió entonces que la solución estaba en la educación de la juventud, y por ello formuló las líneas pedagógicas fundamentales para una “educación en el éxtasis” que tuviese en cuenta el hambre de verdad y la generosidad del joven. Ofreció así su vida por la formación de una juventud restauradora de la humanidad.

Como poeta, pensador y fundador dejó a la humanidad un gran legado humano y espiritual, que incluye un sistema de pensamiento propio, inspirado en el Evangelio, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia, sobre los que se fundamentan los principios de la Juventud Idente y del Parlamento Universal de la Juventud.

El PUJ propone como modelo de persona a Jesucristo, por la manera como encarna de forma sublime la vivencia de la generosidad hasta el punto de dar su propia vida por amor a Dios y a los demás. Al mismo tiempo Él ofrece, con sus enseñanzas y ejemplo, claves fundamentales que ayudan a todos a desarrollarse personalmente y llevar a cabo la máxima misión para la cual han sido creados.

El hecho de tener por modelo a Jesucristo no impide, sin embargo, que personas que no son cristianas, que confiesen otras religiones o ninguna, puedan participar en el Parlamento Universal de la Juventud. Se fomenta entre todas las personas un ambiente de diálogo constructivo donde el respeto y la apertura potencian el verdadero interés por buscar la verdad y construir juntos una civilización basada en el amor.

El Parlamento Universal de la Juventud surge en el año 1981, a raíz de una conferencia impartida por Fernando Rielo (1923-2004) en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York. En aquella ocasión habló del PUJ como de las “Naciones Unidas de la Juventud”. Él soñaba que la voz de los jóvenes, libres de prejuicios e intereses particulares, pudiera ser escuchada a nivel mundial y aportar una contribución determinante a las cuestiones fundamentales del vivir social y espiritual.

En el año 1991 Fernando Rielo redacta, a petición de jóvenes interesados en el proyecto, una Carta Fundacional que recoge su fundamentación teórica. De un modo especial, destaca la importancia de partir de una antropología que tenga en cuenta la altísima dignidad del ser humano si se pretende construir una sociedad que atienda a sus más altas aspiraciones.

En palabras de Fernando Rielo recogidas en su Carta Fundacional, el propósito del Parlamento Universal de la Juventud puede expresarse en los dos puntos abajo:

“El PUJ tiene como misión específica incrementar el compromiso personal de cada joven, teniendo en cuenta su origen y su destino, unido al compromiso de los demás jóvenes de todos los credos, razas y países con la defensa de los más nobles ideales: la paz, la vida, la unidad, el amor.”

“La degradación por el propio hombre de la regia estirpe de su personalidad trae como consecuencia el lastre de una humanidad que ha perdido su propio rumbo. Ésta es la situación que, en líneas generales, padece el ser humano con la sociedad por él constituida. Vuestra misión es restablecer en régimen de Parlamento Universal, unidos en vuestra intención, en vuestro deseo, en vuestras obras…, los más altos valores que han sido arrebatados al ser humano por el mismo ser humano.”

Por tanto, el PUJ pretende reunir a jóvenes libres de prejuicios que estén interesados en restablecer en la sociedad los más altos valores a los que aspiran, como son, la paz, la vida, la unidad y el amor. Para ello se realizan encuentros a nivel local, nacional e internacional con dos intenciones primordiales: Por un lado, favorecer el desarrollo personal y el compromiso de cada joven, potenciando sus máximos ideales (dimensión formativa) y por otro lado, dar a conocer al mundo las aportaciones de los jóvenes en su labor común por encontrar soluciones a los problemas que afectan a la sociedad (dimensión comunicativa).

La dinámica de funcionamiento del Parlamento Universal de la Juventud se basa en encuentros locales, nacionales e internacionales.

A nivel local se constituyen grupos de trabajo, se imparten asignaturas en Institutos y Universidades, se organizan seminarios, congresos y jornadas y también se recogen contribuciones individuales o grupales, experiencias, vivencias, investigaciones y aportaciones artísticas de los jóvenes sobre los temas tratados en cada etapa.

Los encuentros nacionales e internacionales poseen una metodología específica que facilita la recogida de aportaciones locales (o generadas a partir de los mismos encuentros) para su recopilación por parte del Comité Científico Internacional del PUJ.

Mientras los Encuentros locales, nacionales o internacionales sirven para fomentar la reflexión y la puesta en común del trabajo realizado por los jóvenes, las Sesiones Plenarias Internacionales tienen la función de elaborar documentos conclusivos que, una vez aprobados, son considerados como declaraciones formales del Parlamento Universal de la Juventud.

Aunque desde la creación del PUJ en torno a los años 90 se han realizado diversos encuentros nacionales e internacionales, fue el año 2008 cuando el PUJ tomó un impulso definitivo a nivel mundial.

El año 2009 se realizó un encuentro internacional en Roma con la presencia de cerca de 400 jóvenes de 17 países. Con el tema marco “Hacia una Magna Charta de valores para una nueva civilización” se presentaron trabajos, ponencias y mesas redondas sobre temas como la familia, el trabajo, la educación, la economía, el medio ambiente, entre otros.

El año siguiente, en agosto de 2010, los jóvenes representantes de las naciones que trabajaron en torno al tema marco asistieron a la Sesión Plenaria Internacional celebrada en Nueva York. Fruto del trabajo de estos 500 participantes de 20 países ha sido la redacción y presentación en la Sede de las Naciones Unidas de la “Magna Charta de valores para una nueva civilización” que presenta los principios y compromisos considerados por ellos como fundamentales para construir una forma de convivencia conforme con sus más altas aspiraciones.

El año 2011 se realizó en todos los países un trabajo de profundización sobre la Magna Charta y de difusión del texto entre distintos organismos y entidades.

En 2012 se empezó una nueva etapa marcada inicialmente por los Encuentros Continentales que se han llevado a cabo en Asia, Sudamérica, Norte América y Europa con una representación de África, en torno al tema marco “Educación: en camino hacia una nueva civilización” para profundizar en las necesidades educativas a fin de lograr vivir los ideales trazados en esta Magna Charta.

Durante el año 2013 seguimos trabajando sobre la Educación tema partiendo de las conclusiones alcanzadas en los Encuentros Continentales.

En agosto de 2014 nos encontramos en Berlín para presentar el trabajo realizado durante estos años en todos los países participantes y redactar un Manifiesto del PUJ sobre el tema “Educar para la esperanza”.

El Parlamento Universal de la Juventud tiene una Metodología y un Procedimiento propios. Entendemos por ‘Metodología’ el espíritu y la actitud que deben ser asumidos por los jóvenes para que puedan aportar sus ideas en las sesiones del PUJ siguiendo sus líneas fundacionales. Esta Metodología adopta una determinada manera de pensar y de dialogar. Por ‘Procedimiento’ entendemos las pautas prácticas que deben ser seguidas en las sesiones del PUJ y para la toma de decisiones del trabajo en equipo. La Metodología y el Procedimiento propios del PUJ están recogidos en el Manual del PUJ que debe ser conocido y seguido fielmente por las personas que dirigen o moderan las sesiones locales, nacionales e internacionales. Ellos serán los responsables de tutelar el espíritu del proyecto durante las sesiones de trabajo y su autoridad debe ser respetada por los participantes del PUJ.

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